El Grupo de Trabajo de Fiscalidad Ambiental retoma su actividad con los socios del GECV y plantea la creación de un documento actualizado de pautas para un marco fiscal ambiental efectivo

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El pasado miércoles, 26 de junio, el Grupo de Trabajo de Fiscalidad Ambiental retomó su actividad de cara a hacer un repaso de la actualidad a nivel fiscal y plantear los próximos pasos del Grupo, de la mano de su coordinador, Jorge Pina, director de Medio Ambiente de Endesa. Tras dos años complicados debido al covid y la guerra de Ucrania y con unos objetivos tan ambiciosos en materia climática, es imprescindible que el marco fiscal acompañe y esté alineado con la ambición necesaria. En ese sentido, la fiscalidad ambiental tiene que ayudar a valorar los productos teniendo en cuenta sus externalidades e impactos ambientales asociados. España, por ejemplo, cuenta con el Plan Integrado de Energía y Clima 2030 y la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que establecen unos objetivos sumamente retadores y ha de ir acompañados de medidas que ayuden a cumplirlos.

Para ello, es importante recuperar e incidir en el principio “Quien contamina, paga”, recogido en la Cumbre de Río de 1992, y que posteriormente se incluyó en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. En el caso de España, contamos con una de las fiscalidades ambientales más bajas de la UE y, además, todavía tenemos que mejorar en cuanto a consumo de energía renovable, ya que solo el 21% del consumo proviene de esta vía. Es necesario un gravamen creciente del uso de combustibles fósiles, eliminación de carga impositiva de uso de energía no fósil y la creación de un Fondo Nacional de Transición Energética.

Desde el Grupo Español para el Crecimiento Verde estamos alineados con estas necesidades, por lo que en la reunión se planteó comenzar a trabajar en un decálogo de Fiscalidad Ambiental que guie, desde el punto de vista empresarial, las buenas prácticas en este sentido; siguiendo, por ejemplo, la línea de los 9 Principios para una buena imposición ambiental de la OCDE.

Por último, se pasó a una ronda de comentarios entre los asistentes, que se centró en las prioridades a la hora de gravar los impactos ambientales, que han de tener en cuenta no sólo la huella ambiental de cada uno, sino también la dificultad de descarbonizar cada sector, como la aviación. A este respecto, se incidió en poner el foco en el transporte en carretera, en el que ya se han dado pasos, aunque no va a la velocidad a la que debería. Por ejemplo, agilizando la tramitación y puesta en marcha del Plan Moves, o atendiendo a los picos de demanda de potencia de recarga en itinerancia, que es muy constante en vehículos pesados, pero presenta una curva muy desigual en los vehículos particulares.